Y Ricky Martin No Sería Gay





El mundo color de rosa según yo.


Comparativamente con el resto de temas, de política escribo poco. Lo que escribo no lo publico porque mi intención no es generar debates que difícilmente concluyen. Los pocos que han leído lo poco que he escrito en lo referente a la situación política actual del país parecen tener puntos de vista tan dispares al mío que se empecinan en elucubrar un ataque cuyo único objetivo es hacerme cambiar de parecer, difícil cuestión.

Rompiendo con los esquemas, me aventuro a escribir algo que, aunque poco profundo, tiene como destino el escrutinio público, la lectura detallada y la fuerte crítica. Así que no se cohíban. Ataquen y critiquen, lo recibiré de la mejor manera, con casco y antifracturantes.

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El revuelo que causó el proceder de la señora Ingrid Betancourt no tuvo precedente. Me pareció increíble que casi todo el país estuviera de acuerdo en algo. A mi parecer resulta aún más inaudito que la causa de tal unanimidad fuera el repudio hacia una persona en particular. Y me pregunto, ¿qué fue eso tan terrible que hizo este personaje para merecer tal asonada?

Yo estoy de acuerdo con Betancourt, el Estado está en la obligación de garantizar a sus ciudadanos su integridad física y moral, y cuando ésta sea violentada, las indemnizaciones económicas parecen ser el camino más sensato.

Como casi todo lo que se plasma en papel, esto suena maravilloso. Empero, cuando levantamos la cabeza del lo escrito, soltamos la pluma y nos asomamos por la ventana, vemos que el mundo de afuera no es tan perfecto. Y ¿a quién engañamos?, a veces el de adentro también dista de serlo.

Intuyo confusión al ver la cara de mártir de Ingrid en la entrevista que le hizo Arizmendi. Denota una supuesta ignorancia e inocencia, como si no supiera qué error cometía. Pues le tengo la respuesta, claro que sí: nuestro país, y bueno, el mundo en general, no es ningún cuento de hadas tipo Disney. Convivimos en una cotidianidad donde lo feo y lo malo rondan como Pedro por su casa. Pues a Pedro también le gusta pasearse por el Congreso, el Senado, el DAS y hasta la Casa de Nariño. Mejor dicho, nuestro Estado Colombiano, nuestro gobierno nacional, tal y como nuestro diario vivir, está lleno de fallas.

Me encantaría que no solamente los secuestrados recibieran una compensación económica por la privación de la libertad, pero, si vamos a ponernos románticos, vámonos con todo: me gustaría también que la paz mundial reinara, que todos conviviéramos en armonía con nuestro prójimo y que las fronteras fueran abolidas. En mi mundo perfecto Ingrid recibiría su tan anhelada platica, pero más recibirían quienes en verdad lo necesitan.

Además, Colombia no sólo iría al mundial de fútbol y lo granaría, sino que tendría jugadores tan buen mozos como Sneijder. Ah sí, casi se me olvida: y Ricky Martin no sería gay.

Así que Ingrid, bájese de esa nube de algodón de azúcar antes de que se desportille del golpetazo que se va a llevar cuando vea la dura realidad. Lo sentimos, Colombia no puede pagar la cantidad que usted demanda. No nos queda más remedio que devolverla a las FARC, si es que nos la  reciben.



Nota al Lector:
Las imágenes son del caricaturista Matador. Si quiere más, vaya a matadorcartoons.blogspot.com