A Una Mujer



Horas; es cuestión de horas. De repente el tiempo se detuvo. Pude ver las palabras salir de su boca y llenar la habitación. Rebotaron contra las paredes y golpearon mi garganta donde los músculos se anudaron. En efecto, horas después, ella muere.

Liliana no fue una mujer extraordinaria, pero fue ciertamente única. Me duele porque la conocía, me duele porque le duele a mi madre, me duele porque la quería (la quiero). Allá donde estés lo único que te pido es que seas feliz, como lo fuiste hasta hace poco.

A mi madre le doy el hombro que ella tantas veces me ha dado. A mi madre le doy mil abrazos y mil besos en su frente. A mi madre le regreso la fortaleza que me prestó, ahora tengo la mía propia.

Para sus hijos, su familia y sus amigos, deseo que el dolor sea el menor posible. Les ofrezco mi plena atención y mi completa concentración en caso de que deseen hablar. Suena poco, sí, y créanme que me gustaría tener más para ofrecerles.


Que en la Paz Eterna del Señor Ella descanse.