La Imprudencia del Peatón: La Historia de una Acróbata en Bicicleta

Desde la primera vez que me aventuré a las calles bogotanas montada en mi bicicleta nueva sabía que me era necesario escribir algo acerca de ella. He aquí la conclusión: Bogotá es una ciudad poco cordial con los ciclistas. Pero claro, ¿cómo no va a serlo, si en nuestra cultura, en nuestras más arraigadas creencias, estamos convencidos de que un carro es la solución a todos nuestros problemas de movilidad?

El lugar: carrera once entre las calles Ochenta y dos y Cien. La hora: seis y media de la tarde. El día: miércoles veintiocho de julio de dos mil diez. Salgo de la oficina al cabo de otro buen día de trabajo (uno de los mejores hasta el momento). Feliz, me pongo el casco, los guantes, las bandas reflectoras y me encaramo en mi bicicleta. Apenas salgo del parqueadero siento la brisa fría capitalina en mi nariz, justo cuando el sol da sus últimas puntadas tras los edificios demasiado altos.

Ya me he quejado de los carros en repetidas ocasiones. O bueno, no de los carros sino de sus conductores excesivamente afanosos, ruidosos y atravesados. A decir verdad esto es bastante predecible y dista de comprender una verdad inédita. Todos nos quejamos, tarde o temprano, de lo mal que conduce la gente, de cómo se pasan semáforos en rojo, de cómo no colocan luces direccionales al voltear, de cómo no respetan sus carriles o de cómo andan a cuarenta kilómetros por hora por el carril de la izquierda. Lo que más bien poco se escucha es que nos quejemos de los peatones.

Atravesada en la mitad de la vía, una señora, más bien gordinflona, menea sus caderas mientras camina y  se carcajea con un celular pegado a la oreja. No es la primera, ni será la última que se me cruce en el camino, un camino pavimentado exclusivamente para la gente que se transporta en bicicleta o cualquier vehículo con ruedas no automotor. De ahí su nombre: CICLO-RUTA. Así, conducir mi tan amada nueva adquisición, por más que sea por una vía construida de manera especial para dicho tipo de vehículos, se vuelve una tarea más bien tortuosa y difícil de ejecutar.

El peatón cuenta aún con cierto paternalismo que se le otorga a quien va desprotegido. Sí, muy a pié y muy a la intemperie, pero en ocasiones muy culpable. Es cierto que tienen prioridad, pero esto no se debe confundir con alcahuetería. Me parece el colmo que tanta gente, contando con andenes tan amplios como los de la carrera once, se paseen de manera tan campante justo por la mitad de la ciclo-ruta.

El primer paso para ser un buen conductor (de automóvil) es ser un buen peatón. Mire a ambos lados antes de atravesar una calle, sea ésta para carros o para bicicletas. Respete su espacio y carril, no camine por la ciclo-ruta, camine por el sendero peatonal. No empuje a las personas que van caminando a su lado por mucho afán que tenga, llevándoselas por delante no gana nada. Y por último, si usted va por la ciclo-ruta y ve a una joven con casco, guantes y bandas reflectoras (muy bonita ella) encima de lo que parece ser una bicicleta, no se quede contemplándola, apártese. Le aseguro que no lo está mirando por que se le perdió uno igualito a usted.