“Se entra en la vejez cuando se tiene la impresión de ocupar cada vez menos lugar en el mundo. Durante la infancia y la adolescencia creemos que él es nuestro y que existe para ser nuestro, en la madurez comenzamos a sospechar que no es del todo así y luchamos para que lo parezca, se comienza a ser viejo cuando se comprende que nuestra existencia le es indiferente al mundo. Claro que siempre lo había sido, pero no lo sabíamos.”
Cuadernos de Lanzarote II, Gran José Saramago
“Nuestra biografía está en todo lo que hacemos y decimos, en todos los gestos, en la manera de sentarnos, en cómo andamos y miramos, cómo movemos la cabeza o cogemos un objeto del suelo.”
Manual de Pintura y Caligrafía, Gran José Saramago
El día de mi cumpleaños abrí los ojos al mundo y pensé que nada había cambiado. El techo blanquecino permanecía inmóvil sobre mi cabeza y tú yacías aún durmiendo a mi derecha. Procurando no mover demasiado la cama ni hacer sonar demasiado las cobijas, me levanté y caminé hacia la cocina, como lo dictaba mi inamovible ritual matutino.
No creo que haya sido consecuencia de la especial fecha; los interrogantes pudieron haber surgido cualquier otra mañana. Vi encima de la lavadora tres de mis bragas guindando de ganchos de ropa. ¿Cuántas veces me habré cambiado de ropa interior en mis veintidós años? Empecé a hacer cálculos matemáticos, considerando tanto los días en que (a causa de un gran descuido o de un vestido demasiado ceñido al cuerpo) no utilizaba, como las jornadas en que (debido un cambio completo de vestimenta, o un accidente infantil) debía cambiarla a plena mitad del día. Mis cálculos se vieron interrumpidos por el sonido de la tetera que me anunciaba que el agua ya hervía. Sentada frente de la taza humeante de té, las preguntas se aglutinaron en ese lugar remoto que hacemos llamar mente. ¿Cuántas tazas de té he bebido? ¿Cuál es la razón de tazas de té a tazas de café que he consumido? ¿Cuántas veces me he quemado la lengua? ¿Cuántos litros de agua he gastado bañándome? ¿Cuántas veces he conducido una bicicleta? ¿Cuántos pantalones he comprado? ¿Cuántos viajes en avión he hecho? ¿Cuántos kilómetros de carreteras colombianas he recorrido?
Tu mano en mi hombro hizo que todas las preguntas se esfumaran. Me abrazaste fuerte mientras pensé que poco importaba cuántas tazas de té o café he consumido y si éstas me han quemado los labios. Lo realmente importante es que las he disfrutado todas y cada una, así como los domingos en bicicleta, los pantalones viejos y los viajes contigo.
Gracias por un gran cumpleaños.
